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Se me soltó la cadena!!!

Por: Lic. María Gabriela Fernández Ortega


¿Conoce esta expresión?  La usamos cuando un arrebato de ira nos inunda.  Algo nos hace sentir contrariados, incómodos, nos molesta.  Y se nos nota.  Ya sea por algo que decimos (puede ser en forma de ironía, por lo alto como un grito) o por lo bajo (murmurando vaya uno a saber qué cosas...).  También podemos tratar de disimularlo y de esa manera nos sentimos una bomba a punto de explotar. 

Tratamos de corrernos de ese lugar tan desagradable que es estar enojados, distraernos con otra cosa... Los psicólogos diríamos: “No quedar pegado a la escena” pero nos cuesta.  Constantemente vuelven a nuestra mente una serie de pensamientos que nos vuelven a ese lugar tan inhóspito y solitario como es el sentirse enojado.

Una serie de emociones nos invaden y nuestros pensamientos giran alrededor de una sola cosa. “¡Qué injusticia!”, “¡Cómo nos hicieron esto!”, “No corresponde que yo me tenga que tragar su falta de consideración”, “Y yo... que tanto hice por él”. “¡Egoísta, maldito!”, y así podríamos seguir y seguir y seguir... A esto, una actitud rumiante, lo llamamos “darnos manija”.

Este proceso va ocurriendo paralelamente a que en nuestro cuerpo van apareciendo señales del estrés que nos produce estar enojados. Nos cuesta más respirar, se nos seca la boca, sentimos una opresión en el pecho... Y también por dentro todo nuestro sistema se activa por sentir este estrés. Se establece un circuito ansioso que se pone en marcha cada vez que el organismo se siente amenazado y pasamos a segregar otras hormonas, se altera la secreción ácida del estómago y nuestra presión sanguínea sube. Por supuesto, el enojo ocasional no produce daño duradero. Pero el enojo crónico sí.

El estrés que produce el enojo va inclusive más allá de nuestras respuestas fisiológicas, abarca y también afecta el campo de nuestras relaciones interpersonales. Al principio puede ser que las personas sobre quienes descargamos el enojo (compañeros de trabajo, cónyuge, hijos, amigos, etc.) nos “hagan caso” y rápidamente corran a enviarnos la información que tenían pendiente, corten el pasto como les hemos pedido cien veces, u ordenen el cuarto que parece Kosovo)... pero después, con el tiempo, estas respuestas pierden fuerza y empiezan a hacer algo distinto. Se alejan. No se intimidan más ante nuestro desborde. Permanecen en silencio y en el mejor de los casos hacen poco, mal y a desgano. Si al principio funcionó, ya no lo hace más. Si el miedo los hizo actuar antes, ya no más. El otro se defiende. Es que hay algo todavía más fuerte. Defiende el poder ser él mismo. No quiere “perderse” entre sus demandas (por más pertinentes que sean) y desdibujarse en sus reclamos.

Analícelo en su propia experiencia, ¿le ha dado “buen resultado” andar por la vida a los gritos y peleado con el mundo? ¿Le han hecho más caso?, ¿le han prestado más ayuda o ha hecho que los demás tengan una postura más comprensiva con usted? ¿Qué piensa su clínico de su presión arterial y de esas lesiones en las paredes del estómago? Su enojo entonces, es un enojo que Destruye. Levanta murallas entre usted y los que lo rodean. Se producen heridas y en el mejor de los casos, cicatrices. Pero estas hacen la piel más gruesa, quitan sensibilidad y posibilidad de acercamiento. Ya tampoco se sienten igual las caricias. Y usted se va quedando más solo. Esto refuerza el circuito, porque usted considera más injusta la situación, se siente más abandonado, se enoja más y reclama más y peor.

La buena noticia es que el enojo se puede controlar. Que no hace falta quedarse finalmente con la culpa y el remordimiento de haber herido. Que hay maneras más conducentes de manejarse y que se pueden desarrollar habilidades para que esto ocurra. Usted puede vivir con menos enojo en sus relaciones y buscar mejores modos de expresar necesidades y resolver problemas.

En Hémera (Centro del estudio y tratamiento del Estrés y la Ansiedad) trabajamos para que usted (y los que lo rodean) pueda tener una mejor calidad de vida. Sin el enojo crónico que afecta su salud y sus relaciones. Inauguramos próximamente un taller para que este tema pueda ser abordado de manera profesional y con todo el cuidado que este tema merece.

Si usted se siente identificado con este problema, si tiene ganas de conectarse con aspectos más saludables de sí mismo y desde ahí brindarse hacia los que lo rodean, si siente necesidad de tener una actitud más amable con su organismo y no someterlo a riesgos que son evitables, dése esta oportunidad de poder hacer cambios sustanciales para su vida y para su entorno.

 



 

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