| PARA TI, 9 de Mayo de 2006 Depresión Otoñal Es un trastorno afectivo estacional, desencadenado por la poca luz natural, y actualmente lo padecen más mujeres que hombres. Tener mucho sueño, deseos constantes de comer dulces y desgano para la vida cotidiana, son algunos de sus síntomas. Los especialistas la analizan y explican qué es la luminoterapia, un tratamiento que empieza a aplicarse en Argentina. Los días se acortan y la luz solar se acaba. A algunas personas, cuando el otoño empieza a manifestarse, les cuesta más levantarse de la cama, tienen más ganas de comer dulces o hidratos y enfrentar la rutina diaria les parece una tarea imposible de llevar a cabo. Porque, si bien los especialistas coinciden en que el cambio estacional trae aparejado un desánimo leve para la mayoría de la gente, si este sentimiento se exacerba puede delatar una depresión. La depresión otoñal es un trastorno afectivo estacional; las investigaciones demuestran que hay personas que la padecen cuando los días son más cortos –y hay menos luz natural– y al llegar la primavera vuelven, espontáneamente, a sentirse bien. “Es natural sentirse con menos energía cuando los días están más oscuros y hace frío, pero hay límites. Y es el momento en el que una persona nota que el cansancio, la apatía y las ganas de hacer nada se vuelven ingobernables. Cuando el querer hacer y el no poder conviven al acercarse el otoño, podemos hablar de este tipo de depresión”, asegura el psiquiatra Manuel Suárez Richards, titular de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. Entre un 3 y un 10 % de la población de países que se encuentran más lejos de la línea del Ecuador y más cerca de los polos, la padece, según estimó recientemente la Asociación Americana de Psiquiatría. Este estado emocional cíclico –el paciente lo sufre reiteradamente durante la misma época del año y luego desaparece –, afecta en mayor medida a las mujeres: exactamente en un 50 % más que a los hombres, y el segmento más vulnerable está entre los 25 y los 40 años. “El sexo femenino sufre con mayor frecuencia trastornos de ansiedad y depresión por las variaciones hormonales que experimenta a lo largo de toda su vida”, asegura Andrés Flichman, médico psiquiatra, sexólogo clínico y director médico del Centro de Estudios del Estrés y la Ansiedad, Hémera. Para la psiquiatra y psicoanalista Teresa Garghetti, además de las causas hormonales, las estadísticas también encuentran respuesta en función de las nuevas responsabilidades asumidas por el género femenino: “La mujer, actualmente, está muy sobre exigida porque, además de trabajar, tiene que ocuparse de los hijos y de la casa. Y hay que tener en cuenta que tiene un mayor desarrollo del hemisferio derecho del cerebro, que se relaciona con lo emocional y los afectos”. En sombras La luz influye de manera directa sobre la producción de melatonina, la hormona segregada por la glándula pineal (alojada en el sistema nervioso central) que regula el ritmo de sueño. Pero, además, recientes investigaciones establecen que está relacionada con la regulación de la serotonina y la noradrenalina, dos neurotrasmisores (sustancias que actúan entre neurona y neurona, en la sinapsis) que inciden en el estado de ánimo. “La primera es la encargada de regular el impulso, la ansiedad y el humor. La segunda es la que mantiene a la persona despierta, provoca excitación. En los cuadros de depresión, generalmente, ambas están bajas”, apunta Garghetti. Por otro lado, se comprobó que los pacientes con depresión estacional mejoran notablemente su humor cuando son sometidos a una luz brillante, de potencia similar a la solar, durante un tiempo que oscila entre los 30 y los 45 minutos, dependiendo de cada caso. Se trata de una terapia lumínica, que desde hace más de diez años se utiliza en los Estados Unidos, los países nórdicos y recientemente en España (ver recuadro). “Lo que sucede en esta época es que uno se levanta temprano para ir a trabajar, pero afuera está oscuro… ¡Y cuesta mucho más! Justamente, porque hay una alteración hormonal, principalmente de la melatonina, activada por la oscuridad. Es por ese motivo que la luminoterapia tiene sus beneficios”, explica el psiquiatra Manuel Suárez Richards y hace hincapié en que la mayoría de los pacientes llega al consultorio con una depresión ya instalada. “En mi casa me decían que tenía que poner voluntad, que a todo el mundo le pasaba y que era normal que me bajoneara tanto. Pero yo no podía, y parecía una ‘marmota’. Si salía de casa, lo único en lo que podía pensar, cuando llegaba el otoño, era en las ganas de volver a acostarme. ¡Por más que hubiera dormido más de diez horas!”, confiesa Mariana Arraya, contadora, 36 años. Y cuenta que, por consejo médico, empezó a tomarse sus vacaciones en invierno para escapar a cualquier ciudad donde hubiera luz. “La gente nunca va al médico conociendo lo que le pasa, pero sí se da cuenta de que le cuesta el doble hacer lo mismo que hacía dos meses atrás”, explica el médico psiquiatra Eduardo Kalina, director de Brain Center. Para el especialista, el consumo de pescados frescos, como el salmón y la caballa, previene enormemente este tipo de trastorno, encuadrado en las depresiones bipolares, ya que el paciente pasa de abruptos estados de euforia a perder absolutamente las ganas de hacer algo. “Se comprobó que, en Finlandia, un país donde los inviernos son larguísimos, tienen muchas menos probabilidades de sufrir este trastorno quienes ingieren una buena cantidad de alimentos que contengan los ácidos grasos del tipo Omega 3 y 6, que tienen funciones antidepresivas”, advierte. “Yo tenía la convicción de que, cuando llegaba mayo, perdía el sentido de todo y me atiborraba de comida. Es una situación horrible, porque te termina llevando a mentir: lamentablemente todavía la depresión está muy estigmatizada. Después de dos meses de tratamiento con ansiolíticos y antidepresivos, empecé a estabilizarme”, cuenta Silvia (47, comerciante), quien descubrió, hace cuatro años, que su malestar era estacional. “No hay que olvidar que, para que un profesional diagnostique un caso de depresión otoñal, tiene que sucederse, como mínimo, durante más de dos períodos consecutivos. Si no, los síntomas depresores pueden estar relacionados con otra cuestión, aunque los que delatan este trastorno son muy particulares”, explica el doctor Flichman. “La depresión otoñal se caracteriza por la hipersomnia, un aumento notable en la necesidad de dormir mucho o de permanecer en la cama una mayor cantidad de horas que en cualquier otra época del año. Por otro lado, generalmente, hay un aumento importante de peso, debido a la compulsión por comer de manera selectiva. Es decir, con preferencia por los hidratos de carbono y alimentos con un alto aporte calórico”, analiza el psiquiatra Flichman. “Estas dos particularidades establecen claramente la diferencia con un cuadro de depresión típica, donde el paciente no tiene apetito y padece insomnio. Entonces, baja de peso y generalmente le cuesta conciliar el sueño”, explica el doctor Suárez Richards. Pero, además, se suman paulatinamente otros síntomas, como los dolores de nuca, lumbares y de mandíbula. Una vez que se descartó cualquier otra enfermedad, puede decirse que hay un cuadro de depresión estacional. ¿Cuáles son los indicios? Un estado de irritabilidad, declinación del deseo sexual, aislamiento social, pensamientos suicidas, decaimiento general, desgano, pérdida repentina del sentido de las actividades cotidianas y la falta de ganas de hacer deporte o actividad física. “Si bien los antecedentes familiares son importantes a la hora de hacer un diagnóstico, no alcanza para que se declare el trastorno. Es decir, el componente hereditario, aun de padres y abuelos, no es suficiente. En las enfermedades afectivas, los factores estresantes, como la pérdida de un trabajo o de un ser querido, pueden violentar el sistema nervioso a tal punto de ocasionar una depresión. En definitiva, hay que consultar a un profesional cuando el problema afecta la vida”, apunta el doctor Flichman. La doctora Teresa Garghetti asegura: “La tristeza es la mejor vacuna contra cualquier tipo de depresión, aunque hoy no venda ¡porque estamos en una sociedad exitista! Cuando pasa algo grave en la vida, hay que hacer el duelo, porque si no, la tristeza se enquista, queda en algún lado y, tarde o temprano, siempre explota”, aconseja. Signos de alerta El hipotiroidismo (baja secreción de la glándula tiroides, que regula la mayoría de las actividades corporales) puede desencadenar un falso diagnóstico depresivo. “La necesidad de dormir mucho, por ejemplo, es un síntoma de la depresión estacional pero, también, se produce si hay un mal funcionamiento de la tiroides”, explica el doctor Suárez Richards. Por eso, “el diagnóstico del profesional debe ser muy exhaustivo, para descartar todo tipo de coincidencia, factores afectivos o sociales, que determinen el carácter cíclico de la depresión. Puede ocurrir que mucha gente se deprima en otoño o en alguna época del año en particular porque les pasó algo traumático en sus vidas, y existe una memoria de ese hecho”, sintetiza Flichman. Para la psicoanalista María Teresa Caladresa, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina, si bien la falta de luz es un factor que puede exacerbar o despertar una depresión, “hay que tener en cuenta que el otoño es una época en la que la euforia de las vacaciones termina, vuelven la rutina y los conflictos cotidianos. Por eso, también merman las consultas en verano y aumentan notablemente en abril y mayo”. La doctora no duda que las depresiones se ven más en otoño y en zonas geográficas en las que los ciclos de luz son más cortos, pero tiene sus reparos a la hora de determinar por qué ciertas estaciones actúan como disparadores. “En primavera, por ejemplo, los brotes psicóticos se dan con mayor facilidad, pero todavía no hay verdades absolutas acerca de las causas”, concluye Caladresa. Por su parte, la psicoanalista Silvia Tomás, coordinadora docente y supervisora del Centro Dos aclara que “si bien es cierto que la luz invita a salir, que el contacto con la naturaleza, sin dudas, vivifica a las personas y que el clima puede otorgarle un toque cosmético al estado de ánimo, las causas inherentes al sujeto no tienen estaciones. Hay gente que adora el invierno y otras que se suicidan en primavera o se casan en otoño”. Texto Mara Derni Producción Florencia Monfort Fotos Maxi Didari | |